jueves, 10 de septiembre de 2009

México acelera su paso a la desertificación

La sobreexplotación de los ecosistemas, su uso irracional y el crecimiento económico han provocado un severo deterioro ambiental, advierten especialistasevangelina.hernandez@eluniversal.com.mx
Si a usted le dijeran que los seres humanos afectamos más al planeta que el meteorito que generó la extinción de los dinosaurios que habitaban la Tierra hace 65 millones de años, seguramente calificaría la aseveración como una locura. El problema es que la afirmación es cierta.
El hombre está generando un efecto de esas dimensiones, advierte el biólogo José Sarukhán Kermez, coordinador de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio). “El impacto es más sutil, pero el cambio que está generando la actividad humana es de esa magnitud. Es una modificación de las condiciones del planeta y la contribución de los mexicanos está entre los primeros lugares del mundo”.

Los recursos naturales de México son únicos. A pesar de representar sólo 1% de la superficie terrestre, su diversidad biológica resalta al ser comparada con la de muchos otros países, pues forma parte de las 12 naciones megadiversas en la orbe. Sin embargo, la irracionalidad de su uso, la sobreexplotación de los ecosistemas y el impacto del crecimiento económico han provocado un severo deterioro ambiental, alertan investigadores y ecologistas en el documento Capital Natural de México, coordinado por la Conabio.

De finales de la década de los 70 hasta 2000 se perdieron en México más de 84 mil hectáreas de cobertura vegetal, de acuerdo con estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). En cifras conservadoras de la propia institución, cada año se deforestan 314 mil hectáreas, de 2001 a la fecha. Los ambientalistas difieren y aseguran que el promedio anual de pérdida supera las 500 mil hectáreas. Estos porcentajes de pérdida nos colocan en el cuarto lugar mundial. La cobertura forestal de México es de 56 millones de hectáreas en total.

La mitad de la cobertura vegetal del país ha sido eliminada, con la consecuente e irreversible transformación de los ecosistemas. El desarrollo agropecuario, ganadero y el crecimiento de las zonas urbanas han arrasado con cientos de especies de flora y fauna que, por sus características endémicas, desaparecieron del planeta en unas cuantas décadas, coinciden ambientalistas e investigadores.

Según el estudio Transformación de los Sistemas Naturales de México del Instituto Nacional de Ecología, actualizado hasta 2007, la superficie deforestada anualmente por tipo de vegetación muestra esta tendencia: 51% afecta a selvas, 34% a bosques y 15% a zonas áridas.

“Nuestro país ha perdido más de 95% de sus bosques tropicales húmedos (incluyendo selvas perennifolias y bosques mesófilos), más de la mitad de sus bosques templados, y un porcentaje difícil de cuantificar de los recursos de sus zonas áridas y desiertos naturales, pero que sin duda también representa más de la mitad del acervo original”, se advierte en la citada investigación.

También se señala que una mención aparte merece la desaparición de humedales, especialmente de manglares, cuya importancia, en función de su productividad biológica, no guarda proporción alguna con su reducida extensión geográfica. Nuestros humedales han ido cediendo terreno a desmontes y rellenos para actividades agropecuarias o proyectos de camaronicultura, y han sufrido alteraciones diversas como resultado del desarrollo urbano o de la creación de infraestructura, se señala en el estudio.

La investigadora Patricia Koleff, directora de Técnica y Análisis de la Conabio, va más allá en su análisis y considera que en cuanto a terrenos forestales, lo que todavía tenemos está muy degradado. “Nos queda 50% de la cubierta verde que teníamos pero esa vegetación ya no está en estado primario. De las selvas del sureste de México lo que nos queda son pequeños remanentes, unos cuantos parches fragmentados”. Y sobre esta afirmación advierte que de no revertir esta tendencia “vamos a ser la generación que documente la pérdida de capital natural que son las selvas, uno de los ecosistemas más ricos del planeta”.

El deterioro de los ecosistemas está muy relacionado con el boom de la revolución industrial, coinciden los especialistas. Pero, señala Koleff, estamos resintiendo los resultados de que las últimas administraciones gubernamentales de México hayan apostado por una política sustentada en el modelo de desarrollo económico sin atender al medio ambiente como parte de un capital de todos los mexicanos.

“A lo largo de la historia, en el ámbito de las políticas públicas hemos procedido como si tal diversidad no existiera, de acuerdo con la visión de quienes han tenido en sus manos la conducción de la vida nacional, basada en intereses personales y de grupo”, se advierte en el estudio del capital natural de México.

Tanto ambientalistas como investigadores coinciden en que no hemos sabido valorar en su justa medida los beneficios de los recursos naturales que tenemos.

El Centro Mexicano de Derecho Ambiental señala que entre las fuentes principales de pérdida de superficie forestal en el orbe se encuentran los programas gubernamentales de colonización y desarrollo, el cambio de uso de suelo hacia actividades agrícolas y ganaderas (en muchos casos alentado por programas y políticas también del gobierno), la explotación comercial desmedida y la extracción ilegal. En México, por ejemplo, en los años 70 se creó la Comisión Nacional de Desmonte, vigente 10 años, que se dedicó a tumbar bosques y selvas a como diera lugar, y el gobierno de entonces entregó subsidios a los pequeños productores para que metieran en sus tierras desde chivos y cabras, hasta cultivos, sin tomar en cuenta el daño a los ecosistemas.

Sarukhán comenta: “En ese momento se pensaba que había que abrir la frontera agrícola en vez de pensar en cómo hacer para tener rendimientos más altos con menos daños ecológicos por hectárea”.

Las presiones poblacionales sobre los recursos forestales y la biodiversidad son claras. Algunos estudios interrelacionan el crecimiento numérico de la humanidad con la pérdida de hábitat (principal causa de eliminación de especies naturales). En el caso de México, si las tendencias continúan, se espera que al aumentar la densidad de población de 478 personas por kilómetro cuadrado en 1995 a 807 en 2050, ello vaya ligado a 67% de pérdida de hábitats.

Desordenada ocupación

La biodiversidad y los ecosistemas del país manifiestan síntomas de un impacto antropogénico desde hace siglos, pero ha sido particularmente agudo en las últimas cuatro o cinco décadas, caracterizadas “por la intensa huella ambiental que la actividad humana imprime a los ecosistemas que albergan la biodiversidad”, se expresa en el análisis sobre el Capital Natural de México.

Esta desordenada ocupación del territorio para fines urbanos o de producción agrícola ha exacerbado el efecto de los fenómenos naturales, “causando desastres con costos sociales y económicos muy elevados”. Se estima que los desmontes ilegales con fines de cambio en el uso del suelo son responsabilidad de 90% de la deforestación en México. Los incendios, la tala clandestina y las plagas forestales constituyen el resto de las causas.

Sarukhán Kermez, también fundador del Instituto de Ecología de la UNAM, comenta en entrevista que la deforestación y la agricultura aportan alrededor de 25% a 30% de los Gases de Efecto Invernadero (GEI). En su análisis, no sólo las pérdidas cuantificables son de alto valor. “El daño va más allá porque arrasa con los servicios ambientales, uno de ellos la captura del dióxido de carbono (CO2), que se da no sólo en los sistemas verdes, también en los marinos”.

Advierte: “Por un lado estamos bombeando más gases de efecto invernadero y por otro estamos reduciendo la capacidad de los sistemas ecológicos que los absorben, la acumulación de esos gases en la atmósfera se está haciendo cada vez mayor, lo que contribuye a la aceleración del cambio climático”.

Otro efecto de la pérdida de los servicios ambientales es la crisis del agua. Héctor Magallón, coordinador de la campaña de bosques de Greenpeace, señala que la captación de agua por los sistemas naturales ha bajado cada vez más por la reducción de las áreas boscosas.

La deforestación ocasiona la pérdida de nuestra riqueza biológica, pone en riesgo el abasto de agua y además acelera el cambio climático. Se estima que 20% de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) a nivel mundial provienen de la pérdida de los ecosistemas forestales que desaparecen a un ritmo de 13 millones de hectáreas cada año en el mundo. “Ya hemos perdido alrededor de 47 millones 651 mil 200 hectáreas de ecosistemas forestales. Si seguimos a este paso, de aquí a 2020 perderemos más de 10% de lo que nos queda”, opina el ambientalista Magallón.

En el estudio del Capital Natural se documenta que la degradación de los bosques reduce la polinización y consecuentemente afecta los rendimientos de los cultivos aproximadamente en 30%.

Daños económicos

Según las evaluaciones del economista inglés Nicolás Stern, el costo económico de encarar el cambio climático sería de 2% o 3% del producto global bruto, aunque no hacerlo implicará en unos 20 años, más de 20%. “La no acción tiene un costo gigantesco. Cuesta hacer este esfuerzo de reducción pero así es el tamaño del problema”, señala Sarukhán.

Patricia Koleff asegura que la prevención sería lo más económico. “Si hoy tomamos medidas e invertimos, quizá 2% del PIB, vamos a ahorrar en el costo de la desaparición de cientos de miles de hectáreas del capital vegetal de México.

Sarukhán Kermez hace un llamado en el sentido de que no todos los daños son cuantificables en el aspecto económico. “Estamos modificando el escenario evolutivo que generó la vida como hoy la conocemos y de la cual somos producto, somos una especie más de los varios millones que existen en el planeta, sin embargo, no ha habido otra que haya modificado tan profundamente ese proceso”, agrega el coordinador de la Conabio.

“La dimensión del cambio es tan grande que las condiciones ambientales que son las que determinan el rumbo evolutivo de los organismos han cambiado profundamente, hemos perdido en el planeta 50% de las áreas cubiertas por ecosistemas naturales, estamos modificando profundamente los sistemas oceánicos. Hay muchas especies que están extintas o que están en el proceso de extinguirse, la tasa estimada de extinción es mil veces más alta que la tasa que ha existido históricamente”

GABIE

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21 de Diciembre de 2012